Mineralidad: Todos al suelo.

9 diciembre, 2016

Hace no mucho Pablo Pérez Delgado, periodista, publicó un informe sobre la mineralidad del vino en el sitio web Estrategias Y Mercados, disparado por un artículo madre que presentó en sociedad la periodista Jancis Robinson dándole una bocanada de oxigeno a una fogata que venia a media perilla. Se avivó el fuego y una vez más los espasmos de las diferentes posturas sobre el temita de la mineralidad volvieron a sucumbir con fuerza y a marcar posiciones o sencillamente a aportar al quilombo del micromundo de las redes en Argentina, hermoso país donde no nos cuesta opinar para nada.

Llueve sin parar en Mendoza desde ayer. Mientras escribo estas líneas las gotas pegan contra las baldosas de afuera y yo las escucho de a una multiplicadas en millones, casi romperse, quiero salir a pasear, pero la contraoferta climatológica obligada de quedarme adentro no es mala en absoluto.

Por estos días se ha planteado un subtema interesante en el mundo vino mendocino y como soy un mero turista residente viajero viajante y el periodismo me apasiona, como el mismísimo vino y todas sus historias de ganadores y perdedores, pero siempre bienaventuradas historias, es inevitable no meditarlo con el apuro que un feriado lluvioso pueda llegar a producir sobre la dinámica mental propia que trabaja a reglamento., mientras obvio, tomo vino.

El tema me hace acordar a micro temitas de la historia socio cultural argentina y ese folklore por el cual atravesamos la línea temporal propia de nuestras vidas en un país que es un enorme titanic de emociones y fervores populares conducido por nadie o por algunos mientras todos vamos agarrándonos del respaldo de adelante en las curvas y gritando con las ventanillas bajas.

Somos futbol, política, tango, rock, televisión, migración, genealogía, dictadura, democracia, militares, iglesia, fútbol, sindicalismo, reality show, cocina, machismo, elitismo, vinos, conservas, paternalismos, doctrinas, colonizaciones, esfuerzo, potencia mundial, país subdesarrollado, radicales, peronistas, carnavales, Doña Petrona, Malvinas, bosteros, iphones, gallinas, Messi, Yupanqui, Maradona, el Che, la cumbia, San Martin , la pobreza, lo publico, el asado, lo privatizado, el bondi, la vieja, el campeonato del mundo, la siesta, la autopista, la calle de tierra, la carreta, el subte, el pastel de camote, el parripollo, el obelisco, los videoclubes, el chamamé, netflix, el amor, Borges el odio, Bilardo, Menotti, las canchas de paddle, Perón, la patagonia rebelde, crecer queriendo ser, unitarios, llegar no sabiendo como, federales, punkies, heavys, cordillera, mar, selva desierto y miles de ejemplos más que nos pueden o no representar pero que están en el ambiente hace una punta de años.

No nos permitimos un respiro ..lo ha dicho el tango mil veces, lo vemos todos los días, lo ejercemos rutinariamente… nos gusta mas hablar que sentir, y no podemos dejar de opinar aunque tengamos la boca cocida con cables de acero.

Y llego internet y los jóvenes crecieron y los niños se hicieron jóvenes y las universidades que albergaron las carreras de enología, geología y agronomía movieron su molinete generacional y pasaron las épocas y este país creció, viró hacia algún sitio de los miles que ofrece el ritmo de esta montaña rusa llamada patria con sus cabellos sueltos apuntando al resto del mundo.

Wi fi, smartphones, posteos actualizados minuto a minuto, gente escribiendo desde la cama del departamento en Caballito el día a día del terruño y el suelo, mientras en la puerta de su edificio un martillo neumático rompe el asfalto para seguir pasando cables, para seguir opinando desde lejos. Espíritus vacíos que se conforman con palabras fabricadas y términos de una estética sonora perturbable que arma un glosario insoportable que aleja la mano de la copa de la botella de la barrica del tanque del racimo de la planta, de la tierra, de la vida misma.

Los debates y las discusiones sobre la mineralidad en los vinos van tomando diferentes ribetes, enólogos que cruzan opiniones, sommeliers, periodistas, aficionados al vino y mucha gente al pedo, obvio, como yo, que soy un poco de todos esos.

La terminología esta en discusión o la verdadera certeza de que la tiza está presente con un papel principal en esta dramaturgia?

La planta absorbe nutrientes. La identidad del piso es clave para su crecimiento. Las raíces buscan el agua, no las piedras dicen algunos.

Muchos ingenieros agrónomos, geólogos y enólogos coinciden en que es improbable que la mineralidad del suelo defina la boca o la nariz de un vino.

Hay quienes afirman que el tema de la mineralidad termina de definir el espíritu total del terroir. Hay quienes defenestran las calicatas, como si hacerle un zoom a algo para estudiarlo estuviese prohibido o fuese una moda. Es una moda?

La vieja escuela de enólogos y elaboradores dice que la mineralidad como nota del vino no es un descriptor ciento por ciento real y defiende su postura de descreer de parte de una camada de enólogos que hacen del culto al suelo y a las calicatas un mantra y escuchan Zeppelin, García y juegan al limite en sus creaciones.

La tiza es la cuestión? ¿O la cuestión es otra? Nos gusta que al prójimo le vaya como el orto pero nos llenamos la boca hablando de las bondades del esfuerzo colectivo o no nos bancamos ni a nosotros mismos y nos esmeramos olímpicamente por ser cada día mas infumables?

El consumidor de vinos actualmente maneja más data que antes porque nos hemos encargado de taladrarle el cerebro hasta el hartazgo.

Ese consumidor tiene un campo virgen aun de vino y quiere dejarse llevar.

No sabe nada de pH, ni fósforo, ni calcio. Simple. No lo necesita, se conmueve por otras cosas.

El problema es cuando los enólogos dejan de conmoverse.

 

Banquen sus estilos. Respétense. Estudien. Banquen a la ciencia y a la biología más que a los gurúes y las modas. Lean, descubran y defiendan con altura sus posiciones. Luego vendrá un vino mejor. Actitud aplicable a otras disciplinas de la vida, obvio.

 

Paró de llover.

Creo que nuestro país practica el arte de crear mágicamente carriles de protagonismos de época. Necesita hacerlo.

No recuerdo saber si en algún momento de Argentina los enólogos, como desde hace un tiempo los cocineros, tienen tanta impronta en la opinión publica?

Digo, en el fondo de las chacras y las fincas, al final, donde esta el galpón , la siesta, los laburantes, el lagar, las herramientas, el gallo cacareando, la prensa, los tanques, el sol rajándote la espalda y todas las miguitas de esta colosal nave que tiene su sostén humano en l@s laburantes , ahí, donde el vino sigue con el cordón umbilical a la planta sin cortar, allí… se discute la mineralidad del vino?

 

¿Es un descriptor aromático?  ¿es una textura?  ¿Es el colchón sensorial que transmite el vino?  ¿Es un concepto? Es humo? ¿Realmente importa todo esto? o acaso no hay cosas más importantes para gastar energías colectivas como la discusión por la agricultura de nuestro país, cada vez mas agresiva en términos industriales y doblegada a las políticas ambientales de los intereses políticos de turno? Acaso lo importante no es el suelo, el agua, el medio ambiente que nos dejamos la vida discutiendo y midiendo quién la tiene más larga?

La historia del vino comenzó con pequeñas historias. Ese poder de conmovernos no debe ser corroído. Esta bien la discusión en términos de ejercicio, de la práctica, pero mejor es la convivencia y la heterogeneidad.

Los detractores de Piazzolla solo lo inflaron más pegándole, pero que a ese genio metafísico marplatense lo lastimó todo ese jaleo que no quepa la menor duda.

Aprovechen el campo fértil, los territorios por descubrir, el hambre del aficionado que se acerca a la uva. No lo espanten, cuídenlo y súbanlo a las maravillosas posibilidades que nacen de lo más inocente e ingenuo que es la búsqueda de lo que nos hace realmente mejores.

Hay temas importantísimos en la gatera esperando ser debatidos con tanta pasión.

 

Old School, Vanguardia…

 

No se detengan.

 

 

Nico Visne

 

 

 

 

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