El tiempo está a favor de los pequeños.

22 diciembre, 2016

Por un vaso de Malvasía y un muslo de capón vendió Falstaff su alma al diablo.

Shakespeare la había elegido su cepa favorita y apareció en el siglo XV susurrando en las costas mediterráneas españolas, en simultáneo de las 3 carabelas de Colón y ese viaje que sacudiría el jarabe de la historia del planeta.

Livverá es el nombre del vino en cuestión. Lo descorchamos en la primera convención del G45 que es un mitin de pequeños productores de vino de todo el país que se juntan con la idea de mantener la llamita de hacer ricos vinos encendida con las propias manos. Pequeños y potentes, con historias cargadas de sentido, allí apareció Germán Masera quien es el enólogo y Escala Humana Wines su proyecto.

Un vino de una cepa muy antigua, seco, blanco que te va marcando el camino.

Germán es un viajero, un actor del recorrido, egresado de la maquinaria educativa enológica mendocina se lanzó a los caminos; las vendimias españolas y la patagonia rionegrina fueron sumándole millas junto a su compañera Ayelén. Retornaron al Valle De Uco, Mendoza, donde mezclando las pócimas de los kilómetros andados, las variables naturales, los sueños y el anhelo de hacer algo que lo había conmovido logró ponerle play a Livverá….y vaya si es una melodía hermosa.

Desde El Zampal, pocas botellas, porque lo bueno viene en frasco chico, como decía mi abuela Inés-.

Malvasía y Germán, Germán y Malvasía…. hay un magnetismo entre ellos, pedazos de aquella parte mediterránea española. Canarias, Tenerife, Lanzarote y ese mundo que Saramago a recreado en varios de sus textos tienen un link con esta mágica cepa.

Un vino a veces remite a un sitio, aunque no hayas visitado el sitio jamás, salvo en relatos o situaciones. Un vino tiene la capacidad de llevarnos a terminar de imaginar.

Si Saramago relata diferentes escenas en Lanzarote, y las calles de Tenerife tienen determinados sonidos, por qué no, una cepa, jamás probada por uno, pero típica de ese lugar ajeno del relato termina transportándonos a ese sitio en cuestión cuando apenas apoyamos los labios en ese vaso sutil? Enorme poder del vino que por eso nos enamora y nos hace tan bien, no me vengan con palabritas difíciles que no entienden ni sus madres, coño.

Un vino masticable, con una hermosa etiqueta. Un juguito impostergable de menos de 11 grados, un registro conmovedor que uno pretendería que fuese un gusto de helado o algo que podría sacarse fiado del kiosco. Pero no. Es mucho más que todo, es muchísimo más que éstas líneas.

Felices de tener cerca un vino perfectamente logrado que podría enamorar hasta a las viejas.

El tiempo está a favor de los pequeños….

Nico Visne

 

 

 

 

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