Chacras en Bici

30 septiembre, 2016

Pedalear fuerte, sentir el fresco del sábado en el pecho, tiritar casi en chutazos de éxtasis, esquivar autos, observar periféricamente como se desarma la arboleda frente a mis ojos. No saber dónde carajo estoy y sentirme huésped del destino. La bicicleta es una máquina del tiempo que mastica las horas de otra forma, las saborea, las aprieta contra el paladar de su recorrido y te devuelve a un sitio del futuro en el presente. No hay libro de quejas. Es como un orgasmo público, una caricia infinita, una mirada de amor directa en cualquier microcentro de hora pico.

Salí a pedalear por Chacras de Coria, Mendoza en versión periodista turista. Monté una bicicleta de color azul, elegante, clásica y veloz que me prestó el amigo Ernesto y me entregué al azar y a la ruta sin hoja. Es mediodía o’clock y el movimiento funciona como un mix de desperezo y modorra .

Mientras avanzo siento en todo el cuerpo la bella sensación de perderme y no tener noción de nada, salvo del entorno que no deja de alimentar la retina, mientras la lengua del asfalto y los adoquines van pasando como fotogramas.

Chacras ya es un pedazo de mi. La conocí en otoño, invierno y ahora en primavera. No deja de atraparme su atmosfera, mezcla de pueblo perdido en el tiempo y descargas de futuro inyectado por el progreso que no depara en romper estilos ni tradiciones.

Chacras tiene construcciones antiguas y bajas, adobe, hierro y madera, grandes patios y porches apuntando hacia el sol. Sus adoquines y callecitas susurran coordenadas. La gente duerme la siesta y el territorio muestra sus manchas de calma y soledad. La bici va en un galope salvaje rompiendo el velo de la anestésica paciencia. Los pajaritos cantan, las viejas se levantan, que si, que no. Todo es una dulzura de tiempo. Freno, saco fotos, anoto, me deslumbran las aberturas, los patios, el culto de los mendocinos por hablar de sus lugares y hacerlos parte de su rutina como una cosa antropológica de orgullo.

Chacras es un oasis, un sitio de vida social intensa y de siesta prolongada. Mientras las ruedas seguían girando me topé con Helados De Chacras, una heladería que sin saberlo yo, escondía una tanda de sabores de agua conmovedores. Maracuyá, limón y pomelo. Algunas mesas ocupadas y el sol que raja las paredes de la esquina.

Dejé la bici apoyada en un cantero, me sumergí en un pote de cuarto kilo de esos sabores gloriosos y escribí en mis cuadernos Phez algunas de estas líneas.

Chacras es un ecosistema aparte.

@nicovisne

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4 thoughts on “Chacras en Bici

  1. Nico es contagioso el entusiasmo que compartís por ese lugar… Casi que estuve allí.
    El gustito de andar sin rumbo y descubrir es un condimento exquisito!!

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